Mirar de frente: mi resumen del 2025
- Miguel Ángel Gracia

- Dec 31, 2025
- 3 min read
2024 fue un año de madurar profesional y personalmente.
Durante la segunda mitad del 2024 y la primera del 2025 asumí el cargo de jefe de fotografía del periódico y eso me obligó a cambiar el chip. A mirar de otra manera, a ser más serio, más consciente, más responsable. Fue un año de aprender rápido, de asumir errores, de tomar decisiones y de entender mejor el peso que tiene una fotografía.
Pero, sobre todo, 2024 me dejó algo muy claro: la motivación y el amor por lo que hago siguen intactos. Incluso más fuertes.
Cubrir la DANA en Aragón ya fue un primer aviso a mi forma de fotografiar. La cobertura de la DANA en Valencia fue directamente un punto de inflexión. No solo por lo que vi, sino por cómo aprendí a acercarme a la gente. Por entender la emoción desde otro lugar, desde la invisibilidad que te da una cámara. Desde el respeto. Desde escuchar antes de disparar. Terminé ese año con orgullo… y con hambre de más.
Comencé 2025 teniendo la oportunidad de retratar a Shigemitsu Tanaka, superviviente de Nagasaki. Escuchar en primera persona lo que significa sobrevivir a una bomba nuclear es una de esas experiencias que sabes que no vas a olvidar nunca.
La política ha vuelto a estar muy presente: mítines, sesiones plenarias, retratos institucionales, visitas de presidentes y ministros, el 18º Congreso del PSOE con Zapatero y Pedro Sánchez… También el último acto del expresidente Javier Lambán antes de su muerte, una cobertura especialmente cargada de significado.
La Semana Santa volvió a ser un terreno donde me siento cómodo, intentando retratar lo que no siempre se ve: los momentos previos, la tensión, los nervios y la pasión de los cofrades antes de salir a la calle.
También hubo días extraños, como el apagón que dejó a toda España sin luz. Recorrer la ciudad sin parar, enviando fotos sin saber si estaban llegando, sin entender del todo qué estaba pasando, fue una de esas jornadas caóticas que definen este oficio.
Las riadas en la Comarca de Belchite las viví todavía más de cerca. Soy de un pueblo a apenas dos kilómetros de Letux, uno de los más afectados. Muchos de los damnificados eran amigos y conocidos, y eso, junto con mi experiencia previa en Valencia, me permitió contar las historias desde dentro, con otra cercanía y otra responsabilidad.
También hubo sucesos de todo tipo: incendios, accidentes, asesinatos... Coberturas que siempre suponen un reto, donde el tacto es tan importante como la fotografía, y donde muchas veces la imagen que buscas es precisamente la que no te van a poner fácil hacer.
Se podría creer que 365 días dan para mucho.
Para quienes vivimos al ritmo de la noticia, se quedan cortos. Todo va para ayer, todo es urgente y, aun así, necesitamos a mirar, comprender y contar aquello que sucede en un segundo invisible. Y cuando consigues un par de días para desconectar, se siente como un oasis que siempre sabe a poco
Este año, el sacrificio personal ha sido notable: menos tiempo para amigos, familia o pareja. Vivimos sin horarios, con una disponibilidad constante que acaba pasando factura. A veces en forma de cansancio, otras de frustración emocional. Aprender a convivir con eso es, probablemente, una de las partes más difíciles del periodismo.
Aun así, siento que he crecido mucho. Como fotógrafo, aprendiendo a acercarme mejor a cada historia y a buscar imágenes que no necesitan ser explicadas para entender lo que está pasando. Como persona, intentando poco a poco equilibrar trabajo y vida, aunque siga siendo un proceso complicado.
Este año también han llegado reconocimientos que me empujan a seguir: premios de fotoperiodismo, la Medalla de Aragón por la cobertura de Valencia, exponer en el Congreso de los Diputados en Madrid. Nada de eso borra el cansancio, pero sí lo pone en perspectiva.
Haber conseguido que mi hobby sea mi trabajo significa haber alcanzado el objetivo por el que llevo años luchando. Significa poder decir, con honestidad, que soy muy feliz haciendo lo que hago.
Y miro a 2027 con aun más hambre. Con ganas de seguir creciendo, de desarrollar proyectos propios, de trabajar para medios cada vez más grandes, dentro o fuera de Zaragoza. De seguir aprendiendo. De equivocarme. De mejorar. De intentar ser uno de los mejores en lo mío.
Confío en el camino. Y en mí.











































































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